Si su fe comenzó durante la infancia, seguramente se le inculcaron algunos principios espirituales básicos: Dios es bueno. Dios recompensa el bien y castiga el mal. Dios escucha sus oraciones. Dios le ama. Estas verdades tenían sentido en un mundo donde la vida era más simple y menos compleja.  Quizá tenía preguntas como niño, Incluso ciertas dudas en su interior.  Pero los adultos en los que confiaba parecían saber lo que era mejor para usted en términos de fe, por lo cual siguió firme en su fe, al menos hasta un punto.

 

Los años pasan y la realidad adulta le confronta con cuestiones para las que su fe de la infancia jamás le preparó.  Hay un conflicto en su interior con preguntas como: Si Dios es bueno y Todopoderoso, ¿por qué no hace más para evitar el mal de este mundo? ¿Por qué hay tanta maldad sin castigo? ¿Por qué la oración parece un remedio casero para dormir tranquilo por las noches? ¿Por qué les pasan cosas malas a las personas buenas? ¿Por qué algunas personas religiosas son tan criticonas e hipócritas? ¿Por qué la religión y la ciencia no encajan? ¿Por qué parece que las personas inteligentes son menos religiosas?

Pablo al iniciar su presentación del evangelio no lo hace diciendo “La biblia dice” porque no había un Nuevo Testamento. Él no les pidió creer en la Biblia.  Ni siquiera la Biblia como la conocemos ahora existía.  Pablo los estaba desafiando a poner su fe en una persona.  Para iniciar esta serie haré una pregunta a toda persona deseosa de explorar su fe, ya que esta pregunta sirve como inicio de jornada en la fe cristiana.  La pregunta es: ¿Quién es Jesús?

Esta serie es una invitación para algunos a iniciar una relación de total dependencia en Jesús e invitar al resto sin importar en donde se encuentre en su desarrollo espiritual a colocar su fe y confianza completamente en Jesús